Categoría: Editorial

  • Delitos Tercermundistas

    El Tata

    Las ganas (¿necesidad?) de escribir más. La carencia de un espacio en donde hacerlo públicamente, a mi medida, a mi ritmo. La esperanza de que teniendo el espacio y las ganas, la motivación para escribir aumente, y con ella la cantidad y calidad de las líneas.

    La necesidad biológica e inevitable de dejar algo el día en que uno ya no esté. La búsqueda de más satisfacción afuera del trabajo. La mención a Hunter S. Thompson en un podcast. La noticia de que un amigo -que también escribía- perdió la lucha contra existir en el(tercer) mundo, y se quitó la vida. La necesidad de hacer algo aunque no haya mucho para hacer.

    Así es que hoy, por todo eso y mucho más, empieza a existir Mondo Fantasma.

    Pero sobre todo, por las ganas de escribir.

    Y no se me ocurre otra forma de cerrar este primer post, que con algo escrito por el gran Mauro ‘Tata‘ Daleiro, a modo de tributo y para que sus líneas y sus valores sirvan como piedra fundamental, y marquen los derroteros de este espacio.

    Que en paz descanses, amigo Tata.

    BORRONEADO por Mauro Tejera Daleiro

    Me da vértigo escribir tan rápido y me da culpa la marcha atrás de asesinar ideas que hace segundos parecían buenas y ahora yacen ahogadas, borroneadas en tinta azul en la morgue de la papelera.
    Me da miedo armar algo coherente, que la pegue, se haga grande, me mire, se ría y vuele a manos de un artista de verdad que lo moldee y se lo quede.

    Me da angustia cargar esas historias que nunca voy a animarme a contarte prefiero entreverarte, rimarte endulzarte un cuentito que está a años luz de ser arte pero que a vos te gusta leer aunque ya te diste cuenta que solamente es para tener chance de en tu cama poder acostarme.

    Odio «El Alquimista» de Coelho y todo lo que se le pase por la cabeza a Brian Weiss, sobre todo «Espejos del Tiempo» es un desastre… a Bukowski me lo crucé muy temprano, 14 años tenía, Charles, y vos meta Oporto en un cabarulo de Los Ángeles, hablando de cánceres, cárceles o muertes… te veo en diez años viejo, esperame con un clavel, un vino y dos papeles.

    Me da vértigo escribir tan rápido y me da culpa la marcha atrás de asesinar éstas líneas aunque, admito que ésta vez era consciente que no valía la pena ni gastar tinta evidentemente.