
Me llamo Ramiro, pero todos me conocen como Rama.
Nací en Montevideo el 12 de septiembre de 1991, pero me crié en El Pinar, Canelones, Uruguay.
Soy jugador profesional y coach de poker.
Vivo en el extranjero desde hace más de un tercio de mi vida. Fueron unos 8 años en Tailandia y algún otro rodando de acá para allá.
En mis ratos libres me gusta entrenar, ver fútbol (aguante Peñarol) y jugarlo de forma totalmente amateur, pero competitiva. Lo de leer se da por sentado. Y lo de compartir tiempo de calidad con otros humanos, también.
Para conectar en Instagram o en Goodreads, hacé click en los iconos de acá abajo. Para escribirme un mensaje hacé click acá.
Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo.
Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio adonde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor que tú plantaste, tú estarás allí.
No importa lo que hagas – decía – en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí nunca. El jardinero estará allí para siempre.
Ray Bradbury – Fahrenheit 451